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Como sentimos lo que vivimos?: Mandatos y creencias familiares.

lunes, 24 de octubre de 2011

Los mandatos, creencias y tradiciones familiares las heredamos conscientemente o inconscientemente de forma implícita (gestos, miradas, acciones, etc.) o explicita (mensajes claramente expresados, de que “así debe ser”)

Inicialmente cuando somos niños y nos vamos formando y cumplir con estos mandatos, no alivia
y nos da la seguridad de la aceptación familiar y de ser “merecedores de recibir el amor que nuestra familia pueda brindarnos.

En toda familia hay mandatos y creencias respecto a la vida, los afectos, a la moralidad, a lo que es conveniente y a lo que debe ser rechazado.

Esto condiciona fuertemente el desarrollo de un individuo y en algunos casos su vida entera, por que a través de ellos se imponen ideas, acciones y sentimientos, etc.

Muchos de estos mandatos familiares podríamos decir que resultan educativos y ayudan a
que un individuo se forme y logre finalmente una buena convivencia e inserción social en su medio.


Pero sin embargo otra reglas familiares puede producir exactamente lo contrario y dejar a la persona anclada en situaciones que obstaculizan su desarrollo y lo que es peor aun su sintonía con la vida y su felicidad.

Estas personas pueden sentirse bloqueadas, sin autonomía, temerosas por no poder tomar el timón de su vida y decidir en su favor, intentando respetar ciertos mensajes familiares, que están tan integrados rígidamente al pensamiento que el solo dudar de ello provoca una profunda angustia.

Hay mensajes que claramente conservan cierta carga negativa que hacen que el individuo no solo no logre su bienestar, sino que además oriente permanentemente toda su energía en función
de su propio boicot.

¿Cómo salir de estas instancias?

La duda aquí puede ser un punto interesante para encontrar nuevos caminos.

“Esto que siempre se vio así o que se hizo así”, ¿sigue teniendo la misma razón se de
ser de esta manera?

El poder reconocer que ideas y pensamientos nos abordan con cierta rigidez que no nos permiten dudas, pero que sin embargo nos provocan cierta tensión o angustia llevarlas a cabo, sería un gran paso para comenzar a revisarlas y ver en qué aspectos guardan afinidad con nuestro sentir y en cuales no.


Se trata de no tomar un mensaje o una creencia sin evaluar, sin sentir que genuinamente nuestro ser profundo es coincidente con esa idea.

Algunas veces puede resultarnos difícil avanzar en este aspecto, porque implícitame se nos aparece el fantasma del temor a perder ciertos afectos y el lugar familiar que ocupamos.

Para entender mejor esto: “Si en mi familia es bueno que yo sea siempre el mas fuerte, el hecho de mostrar mi flaqueza o mi tristeza, puede hacer que en mi familia no me reconozcan y no me valoren…”

Animarnos a mirar más allá, requiere valentía, tal vez es cierto que cuando nos decidimos a hacerlo, puede que algo perdamos en el camino… pero en eso mismo que perdemos es bueno saber, que tal vez nos estemos recuperando a nosotros mismos.


Clr. Graciela Taffarelli

Como sentimos lo que vivimos?: Comunicación Asertiva

martes, 18 de octubre de 2011



Comunicación Asertiva. Su influencia en los vínculos.

La comunicación en el ser humano es una necesidad, dado que es un ser sociable, el hacerse entender y entender con quienes se vincula es una función primordial que va desarrollando en el trascurso de su existencia.

¿Qué sucede en este aspecto?

Sucede que no siempre esa comunicación da los resultados que esperamos.
Esto puede ser la consecuencia de distintos factores, teniendo en cuenta que :
Cada persona percibe la realidad de una forma particular.
La forma de expresar lo que se quiere comunicar puede que no sea la más adecuada.
La comunicación que se recibe puede que no sea correctamente comprendida.

Estos obstáculos en la comunicación, pueden llevar a las personas a dar distintas respuestas como, el aislamiento, la sumisión, el enojo, la agresión, etc.

Cuando hablamos de una comunicación asertiva, hablamos de una comunicación madura.
La madurez refiere a la autenticidad, el respeto por uno mismo y por los demás, la certeza y la forma en que estos aspectos se conjugan para expresar algo claramente y en forma apropiada a la situación y a quien recibe el mensaje.
De esta manera este tipo de comunicación permite crear empatía en el vínculo, por lo cual se incrementan las posibilidades del entendimiento y brinda mayor efectividad en la emisión y recepción de lo que se expresa.

¿Qué es necesario para nuestra comunicación sea asertiva?

Es necesario que la idea de aquello que deseamos o necesitamos expresar, sea en primera instancia clara para nosotros mismos, para luego poder emitirla claramente al otro.
El objetivo es que el otro me comprenda en el mensaje.
La autenticidad está vinculada a nuestro verdadero deseo y sentir, no podemos expresar asertivamente aquello de lo cual aún tenemos nuestras propias dudas. En tal circunstancia lo favorable es plantear la duda.
El dar respuesta de este tipo nos exige también el compromiso que implica el expresar algo que sentimos, deseamos o pensamos y asumir la responsabilidad de lo que emitimos, tanto por nuestros aciertos como por nuestros errores.
Quien puede hacer este tipo de comunicación un hábito en la vida cotidiana, seguramente verá profundamente favorecidos los vínculos interpersonales en todos sus ámbitos: laborales, familiares, amistosos.

La asertividad tiene su punto nodal: “ el autoconocimiento”. Al conocernos en profundidad podemos expresar hábilmente lo que creemos, sentimos, pensamos, respetándonos a nosotros mismos, asumiendo nuestra su responsabilidad y respetando las diferencias de los otros.

Clr. Graciela Taffarelli





La infertilidad de una persona o en una pareja puede ser la consecuencia de múltiples factores que pueden o no relacionarse entre sí. Aspectos biológicos, sociales y psicológicos pueden ser de gran influencia o determinantes sobre esta situación.

Al hablar de factores psicológicos, podríamos clasificarlos en dos grandes grupos.
Por un lado aquellos que influyen sobre esta situación, que son los que tienen que ver con la personalidad y la propia historia de cada uno de los afectados y por otro lado, aquellos que tienen que ver con lo que les genera como concecuencia esta situación al no poder concretar la maternidad o paternidad.

Es decir que el factor psicológico sobre este tema podría ser parte de la causa, consecuencia o incluso un enlace de ambas sobre las circunstancias de no poder concebir un hijo.
Cuando hablamos de las causas psicológicas que pueden influir sobre la infertilidad, hablamos de infertilidad psicógena.
Por ejemplo: Sentimientos de temor y/o rechazo a la maternidad, o al estrés que implica un embarazo, sumado a la culpa y/o al deseo profundo de tener un hijo, puede tener una profunda vinculación con el hecho que una mujer circunstancialmente presente un cuadro de infertilidad. Un vínculo conflictivo entre madre e hija en la historia de esa mujer que desea engendrar un hijo, también puede ser motivo de esa consecuencia. En el hombre el estrés o depresión también puede ser causa de infertilidad.

Hay además aspectos psicológicos que pueden surgir como consecuencia de esta situación.
Hablando en términos de pareja, el no poder tener hijos puede ser vivido como algo muy angustioso y frustrante. Puede verse afectado su funcionamiento social, al tener que dar ciertas repuestas que no se corresponden con las expectativas del entorno, como así también su funcionamiento íntimo y vincular.
Sentimientos de culpa que puede sentir cada uno de los integrantes de la pareja o bien sentimientos en donde cada uno puede consciente o inconscientemente pueden culpabilizar a su compañero/a.
También estas circunstancias pueden vivirse como verdaderos duelos o pérdidas tanto en el hombre como en la mujer, con las sensaciones y sentimientos que ello implica.

El acompañamiento psicológico en estas circunstancias muchas veces se hace necesario, ya que la persona o la pareja se encuentra muy vulnerable para poder encontrar sola el camino adecuado.
Un proceso psicológico en este sentido tendría como objetivo entre otros, por ejemplo:
Brindar información y educación a la persona o a la pareja.
Acompañar emocionalmente, ayudar a aliviar la ansiedad, angustia, el estrés que esta situación provoca.
Darse cuenta que aspectos emocionales actuales o históricos pueden estar influyendo sobre la paternidad o maternidad.
Ayudar a tomar decisiones, acuerdos, a afrontar lo que sea necesario y comenzar a resolver de poder procrear.


Clr. Graciela Taffarelli

Como sentimos lo que vivimos?: Sosteniendo con la mirada.

lunes, 3 de octubre de 2011

La mirada es uno de los sentidos que permite conocer el mundo que nos rodea.
A través de la mirada completamos significativamente nuestra percepción.
Si hablamos en términos de comunicación con los otros, en las personas que pueden ver, la mirada es un punto de contacto, que permite profundizar en el vínculo y considerar un sinfín de aspectos que muchas veces quedan por fuera de las palabras y de la comprensión de la escucha.

En el lazo vincular primario madre-niño, la mirada de la progenitora hacia su pequeño, es uno de los primeros puntos contactantes entre ambos, junto a las palabras, a la escucha y al contacto físico, contribuye a formar un todo respecto a la percepción y comunicación especialmente único.

Cuando alguien se siente mirado amorosamente, se siente reconocido. La mirada del otro sobre sí permite comenzar a construir la individualidad. Winnicott dice que en el desarrollo emocional del individuo, el precursor del espejo, es el rostro de la madre. El niño puede verse reflejado en la mirada de su madre. Desde los primeros momentos de vida en esa mirada “amorosa” el niño siente su plenitud.
Siente que está allí, que es y que es apreciado y valorado.

Durante los primeros estadios de vida los padres brindarán al pequeño una serie de cuidados y estímulos que por supuesto también ayudarán a que se constituya como persona.
En el momento en que el niño por su desarrollo y crecimiento comienza a distanciarse físicamente de sus padres, como por ejemplo cuando se lanza a gatear o caminar, la mirada de los adultos, cumple en muchas oportunidades un complemento de cuidado y sostén para la criatura.

Allí la observación de la madre y el padre hacia su hijo nuevamente vuelve a cobrar un papel singular. Es común observar a los pequeños de esta edad que cuando se alejan un poco de sus progenitores inmediatamente buscan su mirada para sostenerse en ella.
Puede que aquí comiencen a sumarse otros aspectos en el mirar, o por lo menos es donde aparecen más nítidos, como por ejemplo: la aprobación o desaprobación con la mirada dirigida a las acciones del pequeño. Entonces podríamos decir que en más de una ocasión, mirar pone significado a lo que aún no se ha dicho con palabras.

Es necesario tener presente que al hablar con un niño es de vital significado e importancia que el adulto haga contacto con su mirada.
Que se lo mire y que mire.
Mirar al niño, reconocerlo, observarlo y sostenerlo desde esa percepción permitirá comprender muchos aspectos de su persona y ampliará el propio campo intervincular de los progenitores.
Que el niño sienta que se lo mira, se lo reconoce y se lo sostiene desde esa percepción le brindará confianza, bienestar y seguridad en sí mismo. Este será un singular aporte para constituir su auto imagen y su auto-estima.

Los adultos que pueden sostener una mirada espontánea, amable y empática en un vínculo, posiblemente en su historia personal referida a sus primeros años de vida han tenido la oportunidad de que alguien los haya mirado desde esa misma perspectiva.

Clr. Graciela Taffarelli

Como sentimos lo que vivimos?: ¿Qué siente una mujer a los 50 años?

lunes, 26 de septiembre de 2011

Las mujeres y los hombres van atravesando distintas etapas en el trascurso de sus vidas.
El crecimiento, el desarrollo, las propias vivencias van haciendo su aporte para que la persona baja madurando, y desplegando.
La sociedad y la cultura donde la persona se encuentra inmersa también hacen su aporte al igual que ciertos factores económicos.

La mujer al llegar alrededor de los 40, 50 años puede experimentar una crisis que será más o menos intensa según como haya sido el camino que ha recorrido hasta entonces.
Puede que se encuentre con más tiempo disponible, ya que tal vez sus hijos sean más grandes y ya no dependen tanto de ella.

Si durante estos largos períodos de vida ha podido proyectarse socialmente, ya sea con actividades y/o una profesión, y ha podido construir lazos no solo los referidos a la familia o amoroso, sino también aquellos que brindan la amistad o el compañerismo, es probable que la mujer encuentre en esta etapa más posibilidades en las que apoyarse para sobre llevar la crisis.

Este viene a ser un momento de balance donde se verá cuales son los logros a los que se ha arribado de aquellos que se habían planteado al iniciar el camino y se considera con que se cuenta para seguir adelante. Para resolver, quizás sea necesario aceptar las verdaderas posibilidades y atreverse a intentar nuevas formas.
Si lo que hasta ahora dio resultado pero ya no, o lo intentado nunca dio el resultado esperado, será tiempo de probar aunque sea en pequeña medida algunas modificaciones que en la suma dará nuevos resultados.

Justamente las crisis traen la oportunidad para renovarse.

Hay mujeres que no quieren ver reflejado en su persona el paso de los años.
Cuando logran “amigarse” con los años venideros, y entienden que el acompañarse a sí mismas, completarse, aceptarse y además logran plasmarse en su medio, de tal forma que sienten que trascenden … esto les aporta una felicidad interna que se verá reflejada en todo su ser ; lo reflejará n en su actitud, en el brillo de su mirada, en su predisposición para la vida.

Ser fiel a sí misma, ser quien es, más allá de los que los otros esperan de ella, le brindará a la mujer en esta etapa un plus que lejos de relacionarse con la decadencia, podrá hacerle sentir la madurez de sus procesos y la confianza en su persona.

Cuando una mujer se siente con la libertad de revisarse, de redireccionar su andar, de retroceder si es necesario, sin temor a perderse en el intento, probablemente los 50 años no sean motivo de una angustia o preocupación, por el contrario podrá sentir que lo que abraza en su vivir va sumando a su aprendizaje, que va dando dirección y significado a su existencia.
De esta manera el sentimiento interno podríamos decir que no se construye en razón del tiempo.

Clr Graciela Taffarelli

Como sentimos lo que vivimos?: ¿Qué huellas deja la infidelidad?

miércoles, 21 de septiembre de 2011

¿Qué huellas deja la infidelidad?

¿Qué significa la infidelidad en términos de pareja?

Para algunos este concepto queda enmarcado solo en el momento en que un integrante de la pareja, mantiene una relación amorosa por fuera de ese vínculo, con una tercer persona.
Para otros para ser infiel, bastaría con el solo hecho de pensar o desear estar con otra persona ajena a esa relación que mantienen.

Ahora dentro de estas dos posibilidades existe una gran gama de conceptualizaciones .
En algunos casos las parejas hablan de infidelidad solo cuando uno de los dos integrantes mantiene una relación paralela y estable a esa pareja, considerando además que los encuentros ocasionales no son de significativa importancia, por lo tanto no serían considerados como un engaño.

Lo cierto que en esta variedad de vivencias hay un denominador común en el momento en que se define este concepto. Entonces claramente podemos decir que infidelidad es sinónimo de engaño.
Alguien en ese vínculo se ha sentido defraudado, engañado y sorprendido por una realidad que no esperaba y que le desagrada.

En esta oportunidad nos vamos a detener con lo que le ocurre a la persona a quien le han sido infiel.
La sensación que produce el descubrir el haber sido traicionado en su confianza, puede generar mucho malestar, angustia, ansiedad y desconfianza en la persona.
Al tomar contacto con lo que ha sucedido puede el individuo desesperarse, enojarse con el mismo inclusive.

¿Por qué afloran estas emociones?
Porque el sujeto al sentirse defraudado, le significa el “darse cuenta” que una parte de la realidad no la ha percibido tal cual era.
Este factor podría dejar huellas en la valoración que la persona tiene de sí. En común escuchar frases tales como: “Qué tonto que soy” “¿Cómo que no me di cuenta?” De esta forma su auto-imagen y su auto-estima podrían verse dañadas. También puede llegar a sentirse culpable. Justificar la situación argumentando que de alguna forma ha participado para auspiciar esos hechos.

Son entonces sentimientos de inseguridad, temor, resentimiento que seguramente aflorarán al momento de querer establecer nuevos vínculos.

El buscar un espacio para redescubrirse y auto- conocerse, favorecerá en el individuo el tener una mejor percepción de sí mismo y de la realidad, comenzando a tener una mayor confianza y mejor manejo de sus capacidades y de su potencialidad. Tener una valoración adecuada de sí mismo, le brindará un significativo aporte para gestar cambios que influyan favorablemente en futuros vínculos.

Clr. Graciela Taffarelli.









Como sentimos lo que vivimos? (¿Cómo entenderse con un hijo adolescente?)

martes, 13 de septiembre de 2011


Resulta que nuestro hijo ha crecido, ya no lo vemos como a un niño pequeño, ni él se siente así. De pronto se ha convertido en un joven adolescente.
Tener un adolescente en casa le significa a la familia un cambio. Cambian los vínculos. Sus formas. Y es muy común que aparezcan ciertas desacomodaciones y conflictos interpersonales.

Los padres por su lado temen perder el control y el cuidado de su hijo y por otro lado el hijo intenta crecer, tener autonomía , tomar decisiones acerca de su vida e intenta muchas veces trasgredir aquellas reglas que hasta este momento debía respetar.

Es importante considerar aquí que el joven adolece y esto le significa una gran reorganización en su personalidad.

¿Qué le provoca angustia al adolescente?

Un aspecto que lo sorprende y lo angustia es que esta dejando el cuerpo infantil que tenía y día a día va notando cambios que lo movilizan y que aún no sabe como “manejar socialmente”.
Otro aspecto es que está dejando de tener los padres, de ese niño que ha dejado de ser.
Resulta que será a estos nuevos padres a los que en muchas ocasiones se confrontará intentando reafirmarse y definirse en sus argumentaciones .
Y como si esto fuera poco ha perdido también su identidad de niño, siendo necesario reestructurarse en una identidad que le permita en muy poco tiempo insertarse en la sociedad a la cual pertenece.

¿Cómo entendernos con este joven que está procesando tanta transformación que el mismo poco comprende…?

Es necesario que revisemos de qué manera nos acercamos a él, cuál es la forma de comunicarnos que tenemos.
Sería oportuno que en momentos donde se haya instalado una situación conflictiva podamos establecer con él, nuevos acuerdos que hacen al vínculo y a su “nueva vida”.
Generalmente puede aliviarse cuando le hacemos saber que nos damos cuenta de su crecimiento pero que entre todos debemos acordad instancias que sigan siendo de cuidado, especialmente aquellas que tengan que ver con su integridad, su seguridad y la nuestra.

En esta etapa nuestros mensajes como adultos deben ser muy claros para él.
Es necesario propiciar encuentros familiares donde este joven tenga el espacio para opinar su sentir y su parecer. Necesita exponer lo que siente y lo que piensa y sin confrontar es bueno llevarlo al debate, ya que esto le permite argumentar y revisar sus conceptos para afirmarse o desistir de ellos. Si nos limitamos a pedir explicaciones o a presentar las quejas de todo lo que no han cumplido o lo que han hecho según nuestro criterio, mal nunca nos llevará a buen puerto.
El adolescente necesita adultos que lo comprendan, y que se sientan seguros en la menara en que lo acompañan.
Si le alcanzamos frases como: ¿Qué sientes? ¿Qué piensas? Esto parece importante para ti. ¿Quieres que hablemos? Me interesa mucho conocer tu opinión, estos mensajes le devolverán un especial reconocimiento hacia su persona, le permitirá sentirse valorado y lo alentará en la confianza para poder expresarse y ser el mismo.

Clr. Graciela Taffarelli




Como sentimos lo que vivimos? (¿Estar solo o sentirse solo?)

jueves, 8 de septiembre de 2011

A la soledad podemos definirla desde dos puntos de vista distintos. Uno es referente al estado, es decir concretamente estar solo.
A su vez, esta situación puede ser consecuencia de una elección propia o bien puede ser el resultado de una situación concreta no elegida, como por ejemplo tener que mudarse solo a otra ciudad para estudiar, tener que separarse de una pareja, perder a un ser querido que convivía con uno, y otras tantas razones.

Otra situación muy diferente es cuando una persona se siente sola.
Cuando la persona puede sentirse así aún estando en compañía de otros.
En estos casos es probable que lo aborden sentimientos de angustia y desasosiego a menudo.

El sentimiento de soledad puede estar relacionado a diferentes aspectos, como por ejemplo sentir que no pertenece al grupo cercano con el que convive, sentir que no hay un reconocimiento del resto de las personas hacia uno, tener una imagen desvalorizada de si mismo, sentir que es rechazado o no querido por su entorno…
Estas pueden ser razones de peso para que una persona tienda a aislarse, se angustie y se sienta muy sola.

Sin embargo esto no siempre tiene que ver con lo que realmente el entorno exprese y sienta ; en más de una situación la verdadera causa está en cómo la persona se percibe a sí misa y como percibe a su entornos y a sus vínculos.
La baja auto- estima es un elemento que puede influir notoriamente sobre esta emoción.
El temor a la soledad puede llevar a las personas a establecer vínculos sumamente dependientes. Cualquier tipo de separación aunque sea momentánea les provocará ansiedad y angustia.

Cuando el temor a la soledad se intensifica, la persona puede tender aislarse por tiempos prolongados, en estos casos las creencia acerca de sí misma son negativas, puede no tener
auto- confianza, por lo tanto se le dificulta relacionarse socialmente.
Antes de llegar a estos puntos tan extremos sería favorable poder iniciar un proceso de ayuda para poder bucear en su interior y reconocer que aspectos son necesarios comenzar a cambiar para mejorar estas percepciones.

Reservar un espacio para estar en intimidad, siendo este una elección, puede ser una buena ocasión para poder entrar en contacto con uno mismo, revisarse y conocerse en profundidad.
Esto permitirá disfrutar de las cosas que uno solo puede hacer de esa manera en ese estado: escuchar música , preparase para un acontecimiento, meditar y otras tantas posibilidades que sin duda aportarán a un mayor bienestar.
El tener un momento en soledad puede significarle a la persona instancias de crecimiento y maduración. Puede ayudar a elaborar ideas más enriquecedoras y creativas, a que se proponga nuevas metas, proyecte acciones diversas, evalúe causas y consecuencias de distintas situaciones etc.

Valorar positivamente el tener momentos de soledad es un buen indicador de bienestar y madurez emocional para la persona.
Clr Graciela Taffarelli

Como sentimos lo que vivimos? (¿Qué es la Inteligencia Emocional?)

viernes, 2 de septiembre de 2011

Gardner , Psicólogo alemán, no ve a la inteligencia como algo unitario, más bien ve inteligencias múltiples, distintas e independientes entre sí. Cuando habla de inteligencia , habla de “la capacidad de resolver problemas o elaborar productos que sean valiosos en una o más culturas”. Esto amplia el concepto de inteligencia, entonces, no alcanzaría solo con el conocimiento, sino que además se menciona la capacidad para resolver y elaborar.
Entre estas múltiples inteligencias hay quienes pueden tener más o menos desarrollada lo que se define como Inteligencia Emocional.
Esta sería la capacidad de reconocer sentimientos propios y ajenos y el conocimiento para manejarlos.
Goleman en su Libro “Inteligencia Emocional”, basado en la teoría de Inteligencias Múltiples, habla de cinco capacidades de este tipo de inteligencia, como por ejemplo:
Conocer nuestras emociones y sentimientos, poder reconocerlos, manejarlos, lograr nuestra propia motivación y construir nuestras relaciones interpersonales.

Es importante tener en cuenta que las emociones tiene influencia en todos los aspectos de nuestro ser, respecto al razonamiento, el sentir y el pensar pueden ir de la mano, guiando nuestras elecciones, actitudes y acciones.
Todo nuestro funcionamiento vital, está influenciado por estos dos aspectos. Cuando hacemos prevalecer la razón y no consideramos nuestro sentir o viceversa, puede que nos encontremos en medio de ciertos conflictos internos donde uno de estos aspectos nuestros, se siente desatendido.

La idea de Inteligencia Emocional está referida al papel destacado que tiene las emociones incidiendo en el funcionamiento psicológico de una persona, ante determinadas situaciones que pueden favorecer o dificultar de manera notable esas experiencias.
En el caso de tener que pasar por momentos difíciles, donde el dolor o la frustración es grande, enfrentar conflictos, etc., según el repertorio emocional y el accionar con el que cuente la persona, podrá resolver mas exitosamente o no aquello que se le presenta.

La capacidad de motivarse a sí mismo, de no dejar que la frustración lo paralice o repliegue, el hecho de poder controlar cierta impulsividad, poder empatizar, tener confianza en sí mismo y en los demás, no dejar que la angustia influya en ciertas acciones, nos da cuenta de una inteligencia emocional auspiciosa y positiva.

Esas personas posiblemente no presenten dificultad para expresar lo que sienten de manera clara. Podrán comprometerse adecuadamente con las personas y situaciones. Serán sociables, y estarán abiertas a nuevas experiencias y aprendizajes. podrán sentirse a gusto consigo mismas y por lo tanto esto se reflejará en la forma en que se vinculen con los demás.

Clr. Graciela Taffarelli.


Como sentimos lo que vivimos? (La motivación)

lunes, 22 de agosto de 2011

Hablamos de Motivación

Cuando hablamos de motivación hablamos de impulsos que lleva a la persona a realizar determinadas acciones que se orientan para alcanzar un objetivo.
En este accionar se ve involucrada la voluntad de querer hacer algo y la necesidad de de alcanzar aquello que se ha propuesto como meta.

Hay aspectos del comportamiento humano que están íntimamente relacionados con la motivación. Las razones: ¿Por qué hacemos algo?, que comportamiento elegimos: ¿Qué es lo que hacemos? y El fin de esa acción: ¿Qué alcanzaremos con lo que hacemos?

Además dentro de la motivación podríamos distinguir entre impulsos que son estados internos de la persona y tienen que ver con cierta intensidad de energía que se activa para alcanzar un logro y podemos hablar de expectativas que son variables cognitivas, donde entra en juego lo que pensamos, sabemos y creemos acerca de las acciones que pondremos en juego para alcanzar esas metas.
Mashlow, psicólogo humanista, habla de un orden o estructura jerárquica de las necesidades: fisiología, seguridad, afiliación, reconocimiento, autorrealización. La tendencia a la autorrealización y crecimiento del ser humano seria lo que gobierna y organiza las demás necesidades y su satisfacción.

¿Puede una persona entrar en conflicto con su motivación?

La respuesta es si.
Cuando una persona tiene dudas de acuerdo a que acciones poner en juego porque tiene distintos intereses y necesidades a cubrir , podemos decir que se encuentra en un conflicto motivacional. Es posible que sienta tensión, incertidumbre, ansiedad por no saber qué necesidad cubrir. Y hacia donde orientar su comportamiento. Un ejemplo puede ser cuando un joven termina su secundario y debe elegir una próxima carrera y no es solo una la le interesa.

También puede ser que una persona “se sienta desmotivada” y en estos casos son también distintos aspectos los que pueden estar influyendo en ese estado.
La autoestima es uno de los principales aspectos a considerar cuando esto ocurre. La poca confianza en sí mismo puede provocar un gran desaliento para organizar acciones en pos de una meta.
El sentirse amenazado por el entorno. Tener temor a no poder dar las repuestas adecuadas puede ser también motivo de que una persona no se sienta motivada.

Los estados de intensa angustia también pueden influir notoriamente en la motivación .
Aquello que se vive como una gran frustración también puede colaborar generando desmotivación .
Trabajando sobre cada uno de estos aspectos intentando revisar valoraciones, percepciones, creencias, información, pensamientos etc, ayudará de manera positiva a que la persona reorganice su entusiasmo y se reanime en nuevos objetivos.

Clr. Graciela Taffarelli



Como sentimos lo que vivimos? (estrés y distrés)

martes, 16 de agosto de 2011

Hablamos del estrés y distrés.

Según la OMS “el estrés es el conjunto de reacciones fisiológicas que prepara al organismo para la acción”. Esto se produce cuando el medio se percibe amenazante. Entonces reaccionamos fisiológicamente para un enfrentamiento o huida. Es decir que el estrés en si mismo no es ni negativo ni positivo
Hablamos de distrés, cuando la persona percibe al el medio con demandas excesivas y de gran intensidad, como así también prolongadas en el tiempo. La adaptación a esto le implica a la persona un gran esfuerzo. Esto es causa del estrés negativo o distrés.

Ansiedad, alteraciones en el humor, menor rendimiento físico y psíquico, sensación de cansancio, disfunciones sexuales, alteraciones en el sueño, irritabilidad, falta de concentración, pueden ser parte de los síntomas del distrés que presenta una persona.
Ahora una persona puede estar tan acostumbrada a estos síntomas al punto tal de que no percibirlos como algo que debe atender.

Este proceso puede presentar cinco fases:

La primera fase suelen aparecer conflictos en los vínculos. La persona puede presentar una marcada fatiga física o mental permanente. Aparece una necesidad imperiosa de dormir. Npo hay causas físicas aparentes que justifiquen el cansancio.
En la segunda fase todo el entorno se empieza a percibir como una amenaza. Surgen conflicto en la mayoría de los vínculos. La persona puede tender al aislamiento.
Llegando a esta tercera fase la intensidad de las emociones afecta la capacidad de la persona . esta comienza a dudar de sí misma. Se siente insegura. Vulnerable. Los vínculos son mas conflictivos y se debilitan.
En la cuarta fase pueden aparecer dolencias físicas como tensión muscular, dolores de cabeza, etc.
Y en la quinta fase aparece un estado de agotamiento crónico. Puede incluso debilitarse el sistema inmunológico. Es decir que pueden aparecer enfermedades: úlceras, colitis, problemas respiratorios, hipertensión cardiopatías, etc.

Prevenir el estado de distrés es de gran importancia. Cuando surgen aspectos que solos sentimos que no podemos acomodar es necesario buscar ayuda profesional.
En ese proceso se irán detectando factores de riesgo, la valoración que hace la persona sobre lo que le acontece, y se lo acompañara para alcanzar nuevos estados de equilibrio físico y emocional, mas saludables.
Es necesario incorporar cambios en nuestra vida cotidiana antes de que estas manifestaciones aparezcan.
El cambio no es fácil pero debemos intentarlo. Es importante saber que a estas instancias hemos llegado nosotros, con nuestro sentir , pensar y accionar. Ante señales de esta índole es necesario que los cambios se planteen desde estos tres lugares.
Cómo pensamos, como sentimos y como accionamos en nuestra vida cotidiana.

Clr. Graciela taffarelli


Como sentimos lo que vivimos? (La pareja)

jueves, 11 de agosto de 2011

Pareja: “¡Porque nos queremos…!” “¿ Nos queremos?
Al momento de decidir en pareja y para la pareja cuanto más cercana esté la persona de su sentir, de cómo se percibe y percibe al mundo, más certera y beneficiosa será la decisión que tome.
El “¡Porque nos queremos!”, dicho como una afirmación puede ser motivo suficiente para querer superar esa instancia.
El desencanto o desilusión… a menudo proyectamos en el otro nuestros deseos… y no vemos lo que realmente es…
En medio del malestar puede ser que la pareja evite el preguntarse si aún se aman.

Es común que los novios o cónyuges ante una crisis, los intentos de resolución creyendo favorecer la situación, tengan sus bases en la confrontación de ideas o acciones, reclamos o acusaciones o bien se focalicen en donde se originó el conflicto.
Sin embargo para restablecer cierto equilibrio resulta difícil resolver de esta manera. Y además resolver no siempre implica la continuidad de una relación. Algunas veces resolver significa el final. Si concluir una relación de pareja es lo que se resuelve, sería beneficioso acordar de la forma más adecuada para ambos.

Es muy cierto que cada pareja constituye un sistema… y por lo tanto el funcionamiento y los acuerdos que allí se den serán válidos mientras ambos componentes tengan claridad y total conocimiento de lo que vayan acordando.

Estas frases nos hablan de dos situaciones distintas ante una pareja en crisis.
La dependencia afectiva que la persona pueda sentir. Tener la sensación que quedará desprotegido.
Las creencias acerca de determinadas cuestiones como por ejemplo: “Cuando algo se rompe en la pareja ya no es lo mismo”. Por supuesto que luego de una vivencia hay un antes y un después… pero esto es parte del crecimiento y la maduración.

Las personas pueden confundir la seguridad que les brinda en relación a lo que hace mucho tiempo “es así”, con el sentir amor… y cuando esto sucede las decisiones pueden no ser adecuadas.
Los miedos… a empezar nuevamente… a quedarse solos… a tener que afrontar nuevas situaciones… Esto muchas veces enturbia las elecciones.
Para ello es significativo ver que hay factores que pueden influir positiva o negativamente en las decisiones.
Que la persona sienta que debe dar determinadas respuestas que son las que el resto espera…
Si la respuesta es una gran duda... que pone en juego lo que sienten… podría ser un buen momento para revisar seriamente la continuidad de ese vínculo.

Y así podríamos seguir enumerando un sinfín de situaciones que oscurecen el verdadero sentir.
Para tomar nuevas decisiones acerca de la situación de la pareja, es necesario centrar el tema en revisar como están los sentimientos de ambos componentes. Como se siente cada uno de los integrantes con lo que acontece. Que intensiones o posibilidades hay de recomponer el vínculo.
Pensemos que los vínculos perfectos no existen. Las situaciones ideales pueden ser pasajeras. El ser humano en si mismo marca procesos de cambios y transformación permanente. Algunos más notorios, otros no tanto. Esta característica es la que le permite Adaptarse a lo nuevo.
Animarse a revisar auténticamente el sentimiento que une el vínculo, permitirá a cada uno de los que conforman la pareja vivir dicha relación desde un estado más saludable.

Clr. Graciela Taffarelli.



Como sentimos lo que vivimos? (La autocrítica)

martes, 2 de agosto de 2011

Hablamos de la autocrítica

Hay pensamientos y frases que escuchamos repetir en algunas personas.
“Eso no me lo permito”.. .”Yo soy muy exigente con migo mismo…” o bien pueden decir:
“Esto será motivo de una autoevaluación”. ”Sé que puedo hacerlo mejor…”
Si prestamos atención en cada una de ellas está funcionando la autocrítica o como decimos el crítico interno. Pero lo presentamos aquí de dos maneras diferentes.
Si al autocriticarnos sentimos que habilitamos un espacio de crecimiento, maduración de un proceso o cambio. De esta manera estaríamos hablando de un crítico interno saludable que en realidad nos cuida y en cierto punto nos alivia porque confiamos en el. Confiamos en este aspecto nuestro, en que es capaz de evaluar adecuadamente nuestras instancias.
Sin embargo cuando esta parte nuestra está dañada y se transforma en una autocritica desmedida, y despiadada hacia nosotros mismos, aparece en nosotros un sentimiento de tensión angustia y tal vez de vacío…
Cuando esto nos pasa periódicamente la angustia se intensifica y podemos llegar a un punto donde se nos hace difícil reparar el daño que nos estamos haciendo.
Es necesario que prestemos atención a este aspecto. Seguramente hay situaciones en la infancia que nos han marcado para desarrollar ciertas características sobre este punto.

Es probable que nos demos cuenta que con esta misma actitud nos vinculamos con el mundo. Entonces los círculos de tensión son interminables.
Esta situación una y otra vez continúa lastimando nuestra autoestima.
¿Qué podemos hacer entonces?
Necesitamos como primer paso reconocer cuando nos ponemos en autocríticos negativos. La sensación es muy clara y a diferencia de sentir alivio, lo que nos provoca es malestar, enojo o angustia.
Cuando entendemos que esta situación tiene un espacio dentro nuestro y que de esta forma solo logramos auto agredirnos estaríamos dando el primer paso para poder comenzar a gestar un cambio y aprender a brindarnos el amor que necesitamos para poder sanarnos y aceptando además tal cual somos y uniendo la idea de aquel que deseamos ser , con las verdaderas posibilidades que tenemos para lograrlo.
Reeducar nuestro parte auto crítica, nos amigará con nuestro ser interior y en consecuencia con la relación que tenemos con el mundo.
Es necesario aprender a hacernos una crítica pero de una manera amorosa hacia nosotros.
Cómo?
Cuidando de los aspectos vulnerables que tenemos. Dándonos la oportunidad de nuevos abordajes para situaciones ya conocidas, viendo los obstáculos del camino como desafíos y los errores que hemos cometido como aprendizajes.
Todo esto nos brindará la flexibilización que necesitamos para ya no sentir tensión ni angustia y saber que evaluarnos pero con amor es parte de un proceso saludable para nosotros.

Clr. Graciela Taffarelli

Como sentimos lo que vivimos? (La amistad)

lunes, 25 de julio de 2011

La amistad, vínculo beneficioso.


Si tenemos que definir la amistad, podemos decir que es un vínculo afectivo.
Si este vínculo se basa en la comunicación, en el brindar y recibir afecto, apoyo, comprensión. Si es un vínculo que puede genera momentos o situaciones para compartir, solidarizarse., dentro de un marco de cariño, confianza y libertad, podemos decir que es un vínculo que además nos ayuda a madurar y crecer emocional y espiritualmente.

El sentimiento que surge en una persona a partir de la amistad activa áreas particulares del cerebro. Ayuda a liberar sustancias que favorecen el bienestar y la relajación.
Además los amigos funcionan como un gran espejo para nosotros en el que nos podemos mirar y reflejarnos.

En la vida tenemos la oportunidad de forjar distintos tipos de vínculos, la amistad especialmente nos permite fluir en el afecto desde la igualdad, camaradería, compromiso, responsabilidad, alegría y otro tantos sentimientos que refirman y resignifican nuestro vivir.
Si compartimos la alegría con un amigo, esta se potencia, si compartimos el dolor, este se alivia…

Ahora bien el significado y valor que le damos a la amistad es algo que se construye en la infancia. Primero los lazos familiares, luego la escolarización, permite que los niños interactúen con pares y establezcan vínculos, para ello también influirá el cómo estimule la familia este tipo de relaciones sociales.
A medida que el niños crece irá dando a la amistad una valoración de mayor importancia.
Al terminar la adolescencia los jóvenes comienzan a darle el sentido y significado que tendrán para ellos este tipo de relación en laadultez, donde se comparten ideas, gustos, se aceptan las diferencias y pueden establecerse lazos independientes mas allá del afecto.

En la actualidad, en épocas de corridas y apurones, de comunicación tecnológica, es necesario hacernos un espacio para la amistad.
Un espacio para encontrarse cara a cara y rendir homenaje a esa relación afectiva que tanto nos beneficia.
Falsamente hay quienes creen que un amigo debe manifestar perfección en el vínculo y sin embargo, todos los seres humanos son tan imperfectos como nosotros mismos. Disculpar a un amigo es disculparnos a nosotros, aceptar sus errores es aceptar los nuestros…

Un amigo es ese hermano o hermana del alma que hemos elegido y nos ha elegido para vivenciar desde el afecto fraterno cosas de la vida…
Aún en las diferencias entre quienes conforman una amistad se crece, ambos son a veces refugio y otras ves refugiados ante las dificultades, que se platean en el vivir.

El tener un amigo nos confirma como personas, nos da la oportunidad de trascender en él.
Generar espacios para este tipo de afecto es generar un espacio para nutrirnos a nosotros mismos.

Clr Graciela Taffarelli

Como sentimos lo que vivimos? (Los Si y los No para los adolescentes)

lunes, 18 de julio de 2011

Los Si y los No para los adolescentes.

Sabemos que la adolescencia es una etapa en la que los cambios físicos y emocionales, se hacen tan evidentes para los jóvenes que adolecen como para el entorno familiar.
Esta situación provoca un cambio significativo en los vínculos. Se puede decir que es común que en las relaciones familiares aparezca cierta confusión.
Concretamente hay padre que suelen decir que desconocen a sus hijos, que temen perder el control de la situación respecto a ellos.
Puede ser que no quieran o desconozcan como brindarles a sus hijos una mayor independencia.
Además a estos aspectos se suma cuestiones de la época actual en donde debido a la inseguridad tanto lo adultos como los jóvenes se ven vulnerabilizados y la independencia suele tener a veces un costo alto.

Los jóvenes se encuentran atravesando un cambio difícil, en el que seguramente van a incurrir en errores, darán opiniones erróneas, pueden llegar a actuar impulsivamente en más de una oportunidad, manifestarán obsesiones pasajeras.
Es importante que los padres comprendan la importancia que tiene esta etapa evolutiva. Dejar que los adolescentes puedan comprobar el resultado de sus acciones erróneas.
Es decir dejarles los espacios, poder esperar con paciencia a que los jóvenes vean el producto de sus acciones.

En la casa es necesario que los jóvenes sientan que las reglas no son impuestas, sino que esta se construyan y que surjan del mismo vínculo familiar.
Si en el vínculo que establecen los padres con los jóvenes, los padres colaboran desde una actitud donde generen espacios para que sus hijos puedan expresar sus sentimientos, aún aquellos donde expresan broncas, resentimientos, enfados, estarán propiciando un espacio donde los adolescentes puedan poner palabras a las situaciones que los desbordan y que no pueden llegar a manejar. Esto sin lugar a dudas favorece el vínculo.
Es necesario también que los padres les expresen sus reconocimientos, para que los jóvenes sde sientan valorados. Pasa que el adolescente necesita reconstruir su autoimagen, a partir justamente de su autoestima.
Pedir participación por parte de los padres cuando hay que construir nuevas normas en la familia, ser coherentes entre lo que se dice y se hace, son actitudes que los jóvenes esperan de sus progenitores.
Sin embargo a la hora de hacer respetar ciertas reglas, especialmente aquellas que tienen que ver con su propio cuidado o el cuidado hacia otras personas, allí los padres deben trasmitir su firmeza.
En más de una ocasión será conveniente el previo acuerdo entre el padre y la madre antes de tomar decisiones para no ver tambalear los resultados frente a sus hijos. Los adolescentes en estas edades, suelen llevar a confrontaciones muy intensas.

Los jóvenes necesitan confrontar, apoyarse en resistencias para poder crecer. Será oportuno que lo adultos no olvidan esta característica.
Pero si bien es adecuado que tengan espacios donde puedan discutir sus puntos de vista o argumentar, también es muy necesario que el respeto mutuo siempre este `presente.
Que las discusiones que puedan generarse tengan un encuadre y cuando este sea trasgredido, los padres puedan poner el stop, para finalizar momentáneamente la confrontación hasta tanto se hayan acomodado las energías.

Nuestros hijos aún en la adolescencia esperan la coherencia de sus padres en su sentir, pensar y hacer… No nos guardemos en el silencio con ellos… una palabra dicha a tiempo… una decisión… y una acción oportunas, pueden cambiar el rumbo hacia horizontes mas esperanzados para ellos.

Clr. Graciela Taffarelli


Como sentimos lo que vivimos? (Aceptar una enfermedad cronica)

lunes, 11 de julio de 2011

Aceptar una enfermedad crónica.



¿A qué llamamos enfermedad crónica?

Son enfermedades de larga duración, pero que no necesariamente, tiene que significar para la persona una instancia de gravedad o donde su vida se pone en juego.

¿Qué puede sentir una persona a la que se le diagnostica una enfermedad de estas características?

Un diagnóstico de este tipo puede afectar al individuo en distintas dimensiones. Puede afectar desde lo social, físico, económico, laboral, actitudinal, emocional.

Este último aspecto es el que de alguna manera puede llegar a determinar como será el afrontamiento de la persona respecto a dicha enfermedad. El afrontamiento positivo va a determinar cómo será el tratamiento y el control de la enfermedad.
De esta situación dependerá que el paciente pueda adaptarse al tratamiento y control y por lo tanto que ambos resulten eficaces.
El conocimiento por parte de la persona afectada, saber cuales son sus posibilidades y las alternativas de ese tratamiento, le van a ir ofreciendo mayor confianza a quien padece una enfermedad de estas características.

En un comienzo cuando recibe su diagnóstico el individuo puede sentirse vulnerable, sentir temor, manifestar enojo, confusión. Incluso puede sentir que lo que le toca vivir es injusto y difícil.

En un segundo momento la gente por lo general busca informarse. Esto poco a poco conlleva a que a que sienta que tiene un mayor dominio sobre la situación, sobre los síntomas lo que le brindará más seguridad para manejarse.
Es decir que en este momento disminuye notoriamente el miedo y la angustia.

En un tercer momento por lo general la persona alcanza cierto manejo y adiestramiento. Puede aceptar mejor el tratamiento e incorporarlo a su vida cotidiana de manera mas natural, sin presentar mayores resistencias.

Estos procesos pueden desarrollarse en distintos márgenes de tiempo. Esto dependerá de ciertas características del sujeto. De su personalidad y también de cómo colabora o su entorno, en el, hecho de tomar conciencia, de asumir responsablemente estas circunstancias. Así también brindar la contención necesaria. Un individuo cuyo diagnóstico es un trastorno crónico, puede llegar a sentirse triste, aunque el tratamiento esté encaminado y aunque los síntomas se hayan minimizado. Siendo estas situaciones esperables.
Reconocer determinadas emociones, inclusive aquellas que por ahí no son tan evidentes como el querer dormir mucho, evadirse también es parte de este proceso.

Es importante destacar que hay casos en que es necesario buscar ayuda para que acompañe este tipo de proceso y que la persona para pueda asumir lo que les está ocurriendo y adecuarse a esa nueva vivencia.

Podemos pensar que enfrentarse a estos retos que la vida nos pone por delante, puede llegara a generar fortalezas y aprendizajes en las personas que indudablemente ayudarán a que sortear las piedras del camino.


GracielaTaffarelli


Como sentimos lo que vivimos? (Desarrollo y despliegue)

lunes, 27 de junio de 2011

Desarrollo y despliegue.

Estos son términos que repetimos bastante a menudo y que podríamos decir que en este momento tienen cierta carga cultural en relación a lo que le significa para la persona insertarse social, profesional y laboralmente de una manera positiva y exitosa.
Sin embargo para obtener estos resultados el proceso para la persona es interno.
La vida constantemente nos va ofreciendo situaciones en la que debemos elegir. Entonces… podemos optar por actitudes de defensa, porque nos sentimos amenazados, actitudes de huida, porque sentimos miedo.
En esto último pueden influir ciertas creencias y mandatos que hemos internalizado en la niñez, de los adultos que fueron significativos para nosotros y del medio. Podemos sentir que nuestra imagen ideal no se corresponde con la imagen real que tenemos de nosotros mismos, es aquí donde nuestra estima se ve dañada. Cuando esto ocurre, sentimientos de inseguridad, angustia y desborde son los que afloran en nuestro ser.

En cambio cuando la elección es una actitud de afrontamiento en donde además nos disponemos a crecer en función de los aprendizajes de las nuevas situaciones, es muy probable que la autoimagen que tenemos se asemeje más a la real. Por lo tanto los mecanismos defensivos no serán tan necesarios ya que nuestros temores, al conocernos más profundamente, habrán disminuido dando paso así a un mejor funcionamiento de nuestras percepciones y permitiendo un mayor contacto con nuestra voz interior.
¿Qué es necesario entonces?
Para abordar la vida desde este lugar necesitamos confiar en nosotros mismos.
Para ello es imprescindible ahondar en el autoconocimiento. “Más me conozco… mas conozco mi sentir, mis posibilidades, mis capacidades, mis limitaciones”.
Para que el cambió se produzca es necesario producir un cambio en nuestras percepciones. Renovar la mirada que tenemos de nosotros mismos y de nuestro entorno. Entonces muchos fantasmas se diluyen , es como iluminar parte de la oscuridad que desconocemos.
Cuando comenzamos a transitar el viaje hacia nuestro interior, se nos hacen más nítidas las voces de nuestro sentir, es mas realista la percepción del medio, nuestra intuición se hace mas evidente, nuestro impulso se organiza y la creatividad aflora... De esta forma vamos actualizando nuestro “Sef” (el sí mismo”) y re-significando nuestra vivencia.

Los proyectos, planteos y situaciones a resolver provocarán en nosotros más que una preocupación, una ocupación del tema. Ocuparnos de una manera más activa, con una actitud positiva y creativa para resolver y lograr los objetivos que teníamos planeados.

Cada ser humano trae en sí mismo un sin fin de potencialidades que avanzarán simultáneamente en sus diferentes dimensiones, esta será un proceso constante donde los alcances continuos pueden sorprendernos y maravillarnos… Sería una relación directamente proporcional, mas nos conocemos, mas nos desplegamos, mas podemos poner en el afuera parte de nuestros “tesoros” internos.

Clr. Graciela Taffarelli.

Como sentimos lo que vivimos? (Los miedos y el cambio)

martes, 21 de junio de 2011

Los miedos y el cambio.

Vivimos inmersos en una realidad cambiante. Esta no es solo una mera afirmación. Es una parte de la vivencia real.
Sin embargo curiosamente buscamos establecer ciertas estructuras regulares y secuenciales dentro de “ese cambio permanente”. Estos aspectos que de alguna manera vamos construyendo en relación a los vínculos, situaciones, experiencias, nos brindan cierta certeza y seguridad sobre la cual nos apoyamos para poder proyectarnos hacia el futuro.
Esta misma confianza y tranquilidad puede producir en nosotros una relación de apego o dependencia con algunas personas o situaciones.
Cambiar entonces en esos casos puede movilizarnos a tal punto que nos genere angustia y temor.

Sentir que no podemos sostener o salir airosos de la nueva situación. No estar seguros de los recursos con los que contamos internamente. Nos da miedo.
La posibilidad de sufrir alguna pérdida moral, material, afectiva, también nos da miedo.
Sentir que podemos equivocarnos, que quizás no podamos resolver desde el cambio, ver desdibujada nuestra imagen ante nosotros mismos o ante otros, nos asusta y nos angustia.
Entonces frente a estos sentimientos y frente a un posible cambio podemos reaccionar de distintas formas.

Quizás reaccionemos resistiéndonos y negándonos directamente a la nueva opción. También podemos aceptar al tomar conciencia que cambiar, sería beneficioso, pero resulta que inconscientemente boicoteamos la situación.
Podemos aceptar “lo nuevo”victimizándonos, sintiendo que otra solución no quedaba.
Pero también podemos reaccionar viendo “ lo nuevo” como un desafío.

Es necesario saber que cambiar depende de nosotros. De cómo nos veamos interiormente. De cómo se encuentre nuestra auto-estima. De la confianza que nos tenemos a nosotros mismos para salir delante de las situaciones conflictivas.
Es común escuchar a las personas, luego de atravesar ciertos momentos críticos, decir: “la verdad es que no sé como hice…”” no entiendo de donde saqué fuerzas… “y es que muchas veces no nos conocemos en profundidad ni conocemos nuestros recursos y nos sorprendemos mientras vamos actuando.

Gestar una transformación lleva un proceso que además puede necesitar ayuda profesional. Así mismo en cada proceso de cambio podemos sentir idas y vueltas. Es bueno saber que el andar tiene sus propios ritmos y que estos generalmente no son lineales.
Lo distinto implica riesgos , pero también abre horizontes y cuando logramos un cambio, comúnmente otros se suscitan como en un efecto dominó.
Cuando nos surge la necesidad de una modificación esta nos habla de la necesidad de ir dejando de ser lo que en realidad no somos , para poder ser más genuinamente quienes somos…

Graciela Taffarelli

Como sentimos lo que vivimos? (El miedo a envejecer)

viernes, 17 de junio de 2011


De donde nos surge el miedo a envejecer?

Este miedo puede relacionarse con el hecho de que cuando miramos a los ancianos, es como ver en un espejo quizás la imagen de nuestra propia vejez. El no poder liberarnos de los conceptos que nos impone la sociedad para este momento de la vida, ya sea la desvalorización, el aislamiento, la incomunicación, el recorte de cierta inclusión social, etc, que vivencian los ancianos, nos provoca una profunda angustia…

Las ideas y creencias que tengamos acerca de la vejez de alguna manera pueden ir orientando nuestro propio futuro.
Si pensamos y sentimos a nuestros mayores como seres improductivos (evaluando la productividad material), como una carga social y familiar, si no logramos entender que las arrugas y cierta tonicidad muscular perdida, lo que llevan en sí mismas son experiencias de vida y madurez, es negar claramente lo que será una parte de nuestro futuro . Es gastar parte de nuestra energía en intentar que sea lo que no es, en lugar de crecer con el tiempo y madurar a la par de los años que nos toquen vivir sintiendo que cada momento es único e irrepetible en la “universidad del vivir.”

Es necesario comprender que como seres bio- psico -sociales llevamos un proceso de maduración y envejecimiento implícito, sin embargo sentirnos viejos, creernos viejos, puede ser un estado.
Dependerá de las ideas y conceptos que liguemos a ese sentir para que definitivamente influya en nuestra forma de vivir…

Quizás el miedo a la vejez pueda diluirse llenando nuestros espacios de tiempo con proyectos y experiencias significativas.
Algunas veces mal creemos que ciertas emociones o emprendimientos no son convenientes para los ancianos, sin embargo deberíamos intentar entender que en muchas oportunidades incluso de nuestro actual transcurrir, lo que precisamente nos sostiene y nos ayuda a continuar adelante son esos impulsos intensos que nos provoca un objetivo que tengamos y los afectos profundos de quienes nos rodean.

Alejar esta etapa de nuestras vidas negando o desvalorizándola, no nos permitirá poder prepararnos para nuestra ancianidad.
Si vemos a la ancianidad como algo ajeno a nosotros, nos estamos equivocando… pues llevamos latente nuestra propia ancianidad.
Desde mismo momento en que nacemos comenzamos a dirigirnos hacia ella.

Quien puede comprender esta regularidad tal vez pueda proyectar y planificar su propia senectud, sin temor, con alegría y el propósito de vivir la vida “armando el equipaje para el viaje final”.

En la juventud encontramos todo el potencial para que alcancemos un ocaso pleno en relación a lo experimentado, asimilado y aprendido en el viaje de la vida...

Cltr. Graciela Taffarelli.





Como sentimos lo que vivimos? (El valor del conflicto interpersonal.)

lunes, 6 de junio de 2011



El valor del conflicto interpersonal.

El conflicto es inherente al ser humano. Sin embargo el solo nombrar esta palabra ya produce en las personas una connotación con cierta carga negativa.
El problema surge cuando dos o mas personas confrontan , en relación a intereses, deseos, sentimientos o necesidades. Pero cabe señalar que la movilización interna que produce no necesariamente debería promover una consecuencia negativa entre los involucrados.
Bastaría con poder ver las situaciones conflictivas por las que se atraviesa como una situación a resolver. Entonces se da paso a que las energías que entran en juego se avoquen a lograr buenos resultados. Esto posibilitaría que el valor del conflicto cambie y en ese proceso se rescate aprendizajes que finalmente beneficien.

Sabemos que cuando las cosas no son como las esperamos, nos frustramos, y esa frustración de acuerdo a como impacte en nosotros, nos provocará mayor o menor sufrimiento. Pero también es necesario poder revisar y preguntarnos, cuántas veces hemos cambiado el rumbo “gracias a algún conflicto” que nos surgió en el camino y cuanto “bagaje valioso” hemos recopilado en esas experiencias.

En el momento que aquello que queremos alcanzar se nos presentan las diferencias que tenemos con otros como obstáculos, según el estado de vulnerabilidad y la intensidad de nuestro deseo colaborará para que apreciemos esa situación como una amenaza, o incluso que vivamos ese vínculo como amenazador.
En esto también influye lo aprendido, nuestra cultura, nuestra sociedad, los mensajes que recibimos a diario y que vamos internalizando quizás sin detenernos demasiado.
En determinado momento al no obtener lo que esperamos, puede que nos aborden sentimientos como el de “perdedores vencidos”. Se nos representa como un juego de ganar o perder, polarizándonos solo en los resultados, sin contemplar lo que debemos aprender y acomodar de la experiencia misma. Esto también puede dejarnos, más allá de ganar, un saldo de cierta insatisfacción, aunque muchas veces cueste reconocerlo...

Cuando no nos sentimos fortalecidos y tememos al sufrimiento que nos pueda ocasionar el conflicto, tratamos de evitarlo sin resolver.
En estos casos lo que logramos, además de la angustia o resentimiento que puede ocasionarnos, es una prórroga a la situación que se presentará una y otra vez hasta ser resuelta. Corriendo el riesgo que al dejarla por más tiempo sin resolver, se le sumen instancias que deterioren aún más el vínculo.

Al desarrollar nuestra personalidad a medida que vamos creciendo podemos decir que en ese proceso va implícita la resolución de los distintos conflictos que se nos van presentando.
La vida social en sí misma, conlleva las diferencias entre unos y otros.
La maduración de cada uno estará dada en relación a la capacidad de poder ver esas diferencias como una instancia que sume y no que reste. De poder distinguir cuando hay que “negociar, acordar o ceder” a favor de un mejor resultado para todos.
La idea no sería que alguien pierda, sino que todos algo ganen …

Cuando la frustración es muy grande y el enojo nos desborda es muy complicado poder resolver. Y en ese caso lo mejor es darse cuenta de este límite y poder pedir a alguien que ayude a mediar.

El facilitador acompañará a que cada uno a revisar lo propio y lo ajeno respecto a la situación para poder llegar a un acuerdo beneficioso para ambas partes.

Graciela Taffarelli